sábado, 7 de marzo de 2009

Confieso que tengo muy mala memoria, casi tan mala como la de la historia.
Pero no suelo olvidar una cara, ni la manera en que camina la gente.
La mayoría demasiado deprisa, desesperados por llegar a no sé bien dónde.
Miradas perdidas en el autobus. 30 minutos para comer.
Gente que se desangra sin necesidad de cortarse las venas.
Mientras arrastran los pies por el pavimento de la gran vía
no entienden que en la vida no hay metas volantes.
No entienden que no hay ganadores en esta carrera.
Sólo hay trayectos. Sólo debe importar el trayecto.
Trayectos malos a secas, trayectos malos de cojones, y trayectos
sobrellevables.
Es en este último dónde aspiro a quedarme. Edulcorando moratones.

1 comentario:

  1. Buena la literatura urbana del desencanto y el hastío. Aunque un tanto manido. Lo mucho cansa, hay que salir del tópico.

    ResponderEliminar